Este post forma parte de una serie sobre cómo hacer una web profesional con IA sin saber programar. Si no has leído el principal, empieza por aquí.

Soy Gonzalo Figueroa, CEO de Grupo Promedia. No sé programar, pero llevo unos 20 años gestionando proyectos web. En la fase anterior conté qué hay que reunir antes de abrir la IA. Esta trata del momento siguiente, el que separa una web de cinco minutos de una profesional: pensar con la IA antes de pedirle que construya nada.

Primero pensar, después construir

Cuando le pides a una IA «hazme una web», hace dos cosas a la vez: decide cómo tiene que ser la web y la construye. Y decide sola, con lo primero que se le ocurre, sin preguntarte.

En un proyecto web normal eso nunca pasa. Antes de que nadie diseñe o programe nada, alguien decide la estructura, los contenidos, el mensaje y los aspectos técnicos. Con IA debería ser igual. La diferencia es que ahora esa planificación la haces conversando con ella, y en lugar de días lleva un rato.

Un consejo práctico: si tu herramienta te deja elegir modelo, usa uno potente para pensar y uno más económico para ejecutar. Hoy, por ejemplo, Claude Opus para planificar y Claude Sonnet para construir lo que ya está decidido. Lo hago por coste: la parte que más razonamiento necesita es esta, y construir con todo bien definido no exige tanto. Los nombres de los modelos cambiarán, pero la idea sirve igual.

Qué incluir en el primer mensaje

No hace falta un prompt perfecto. Hace falta que lleve estas piezas:

  • El contexto. Qué empresa es, a qué se dedica, para quién es la web y qué objetivo tiene. Todo lo que reuniste en la fase 0.
  • El material. Tu logo y tu kit de marca, tu web actual si la tienes, las webs que te gustan, los textos que ya tengas.
  • Lo que quieres y lo que no. Tipo de web (una sola página o varias), idioma, secciones que tienes claras, cosas que no quieres ver.
  • La tecnología. Con qué se va a hacer la web: HTML, CSS y JavaScript sin más, un gestor de contenidos como WordPress, un framework como React… Si no lo tienes claro, pídele a la IA que te recomiende una, explicando para qué la quieres y que tenga en cuenta tu servidor.
  • Los requisitos de calidad. Te los explico en el siguiente apartado.
  • Cómo quieres trabajar. Que primero analice y proponga ideas, que te pregunte lo que necesite y que no construya nada hasta que tú lo apruebes.

Sobre la tecnología, la pregunta clave es quién va a mantener la web y cómo. Si quieres cambiar textos o publicar noticias tú mismo desde un panel, necesitas un gestor de contenidos como WordPress. Si no, una web estática en HTML es más rápida, más segura y más barata de alojar. La de Lítore es así: una sola página en HTML, CSS y JavaScript, sin base de datos ni panel de control. Para una web corporativa que cambia poco es más que suficiente, y los cambios se hacen también con la IA.

El último punto de la lista es el más importante. Algo así como: «Antes de hacer nada, analiza el material, propón una estructura y unos contenidos, y hazme las preguntas que necesites. No empieces a construir hasta que lo hayamos decidido juntos.» A partir de ahí, la IA deja de ser una máquina de hacer webs y se convierte en alguien con quien pensar.

Si tu herramienta tiene un modo de planificación (Claude Code, por ejemplo, tiene uno que no toca ningún archivo hasta que apruebas el plan), úsalo.

Los requisitos de calidad

Hay cosas que la IA no hará bien si no se las pides. Yo siempre pido tres:

Que el resultado sea profesional. Parece obvio, pero cambia el nivel de la respuesta. Sin esa indicación, la IA apunta a lo correcto. Con ella, apunta más alto.

Que los textos no suenen a IA. Si tienes una web anterior, puedes pedirle que aproveche sus textos, pero que los reescriba para que suenen naturales, con datos concretos y sin las frases de manual que delatan a una IA. Hablo de ellas en Señales que delatan que tu web está hecha con IA.

Que el código esté ordenado. Esto lo pido por experiencia: nos han llegado webs hechas por clientes con IA en las que todo estaba metido en un único archivo, y hubo que reorganizarlas enteras. Para que se entienda sin saber de código: es como un armario. Si metes toda la ropa en el mismo cajón, hoy te vistes igual. Pero el día que quieres cambiar algo, o que otra persona tiene que ordenarlo, toca vaciarlo entero. Basta con pedir que los estilos, el código y las imágenes vayan en carpetas separadas.

Pide con detalle, no con etiquetas

Este es probablemente el consejo más útil de toda la serie. Cuanto más especificas, mejor hace la IA su trabajo.

Si le pides «optimiza el SEO», hará un SEO básico y se dejará cosas. «Optimizar el SEO» es una etiqueta, y la IA la interpreta al mínimo. En cambio, si le das una lista concreta, entiende el nivel que buscas. Esta es la que yo uso, más o menos:

  • Jerarquía correcta de títulos: un único H1 y después H2, H3…
  • Título y meta descripción en cada página.
  • Página de error 404 personalizada.
  • Favicon.
  • sitemap.xml y robots.txt (y .htaccess si el servidor lo admite).
  • Datos estructurados para que Google entienda qué es tu empresa.
  • Etiquetas para que la web se vea bien al compartirla en redes sociales.
  • Código de Google Analytics. Si aún no lo tienes, pídele que te lo recuerde.
  • Que los avisos legales no se indexen en Google.

Lo curioso es lo que pasa después. Con una lista así, la IA entiende que buscas un SEO avanzado y empieza a añadir cosas que no le pediste. En Lítore incluyó por su cuenta el archivo para instalar la web en el móvil, el icono para iPhone, las cabeceras de seguridad, la dirección canónica de la página y la carga diferida de imágenes, entre otras. Nada de eso estaba en mi lista.

Y esto no vale solo para el SEO. Lo mismo pasa con la accesibilidad, la seguridad o los textos legales: una lista concreta da mucho mejor resultado que una palabra.

La IA propone, tú decides

Con todo el material sobre la mesa, empieza la conversación. La IA propone una estructura, unos textos, un enfoque. Y aquí pasan tres cosas, una y otra vez:

A veces la IA tiene una buena idea. En Lítore, el logo nuevo tenía un faro. Yo quería jugar con eso, y fue la IA quien propuso usarlo como metáfora en toda la web: Lítore como el faro que guía a una marca para entrar en el mercado gallego. Lo orientamos juntos y acabó en los textos, los iconos, la ilustración de portada y hasta en la página de error.

Ilustración de la web de Lítore: un faro en la costa gallega cuyo haz ilumina el mapa de Galicia
La metáfora del faro, tal como quedó en la portada de la web de Lítore.

A veces no estás de acuerdo. Y hay que decirlo. La IA no se ofende, y suele explicar por qué propuso lo que propuso, lo que ayuda a decidir.

A veces eres tú quien ve algo que a la IA no se le ocurre. En Lítore quería un bloque para los compradores, no solo para las marcas. Pero no como un apartado más del menú, sino como un bloque separador entre dos secciones. Es el tipo de decisión que sale de haber visto muchas webs funcionar, no de un modelo de lenguaje.

Hay decisiones de estructura que solo se ven cuando la web ya existe. En Lítore, al ver la primera versión montada, me di cuenta de que tres bloques que hablaban de la empresa estaban repartidos por la página sin orden, y dos ni siquiera salían en el menú. La IA veía cada bloque bien hecho por separado; yo veía cómo los iba a recorrer el visitante. Los agrupamos en un apartado «Empresa» con su entrada en el menú. Planificar no es hacerlo todo bien a la primera: es tener claro qué estás construyendo, para poder corregirlo cuando algo no encaja.

Para decidir, hay que saber

Aquí está el matiz importante. Para que «la IA propone y tú decides» funcione, tienes que poder decidir. En los textos o en el estilo, cualquiera tiene opinión. Pero la IA también te preguntará cosas como:

  • ¿El formulario funciona con PHP en tu servidor o con un servicio externo?
  • ¿Activo las cabeceras de seguridad?
  • ¿Cargo la analítica solo si el usuario acepta las cookies?
  • ¿Redirijo las direcciones de tu web antigua?

Un dueño de negocio, ante esas preguntas, solo puede decir que sí a todo. Y entonces ya no decide: acepta. No es un problema de saber programar (yo no sé), sino de saber qué implica cada respuesta. Ahí es donde la experiencia marca la diferencia. Y en un proyecto real de Promedia, además, cada decisión la toma quien más sabe de ella: el diseño, un diseñador; lo técnico, un programador.

La IA ejecuta muy bien una idea, pero no la origina

Si le pides a la IA «algo original», te dará la media de todo lo que ha visto. Si le das una dirección clara, la desarrolla muy bien. La metáfora del faro funcionó porque partía de algo real (el logo) y de una intención clara (transmitir que Lítore guía a las marcas). La IA la llevó a sitios que yo no habría pensado, pero la dirección la pusimos nosotros.

Un aviso: cuando la IA se entusiasma con una idea, tiende a meterla en todas partes. Una metáfora en los sitios clave da personalidad. En cada frase, cansa. Decidir dónde sí y dónde no también es parte de dirigir.

Primero los contenidos, después el diseño

Un orden que me funciona: cerrar primero la estructura y los textos, en un documento aparte, y solo después pasar al diseño. Si se hace al revés, acabas con un diseño bonito relleno de textos genéricos, y cuesta mucho más cambiarlos después.

Y todo lo que se decide, por escrito. La IA no recuerda lo que hablasteis ayer si cierras la conversación, así que las decisiones tienen que vivir en archivos: la estructura, los textos, las palabras clave…

El archivo de pendientes

De esta fase nace una herramienta que me acompañó hasta el final: un archivo de pendientes que la IA mantiene por ti.

Mientras planificas, surgen cosas que no puedes resolver en ese momento. Algunas dependen del cliente: textos, fotos, datos de la empresa. Otras dependen de ti: no sabes la respuesta, necesitas pensarlo o simplemente prefieres dejarlo para después. Todo eso se apunta. La IA añade lo nuevo, quita lo que se resuelve y te lo recuerda al terminar cada bloque.

Basta con pedírselo al principio: «Lleva un archivo de pendientes y recuérdamelo al terminar cada bloque.» Parece poca cosa, pero es lo que evita publicar una web con una foto de stock o un dato inventado. Lo retomo en la fase 5, porque es lo que te dice cuándo está la web lista para publicar.

¿Prefieres que la planificación la haga un equipo que lleva años haciéndolo? Cuéntanos tu proyecto.


Siguiente fase: Fase 2. Ejecuta tu web con IA por partes

Serie completa: hacer una web profesional con IA

“Lo sencillo no siempre es fácil.”

— Reflexión Corporativa